Cambiadores de Juego - El Campeóna de Muévete, Ana Cárdenas
- 16 mar
- 4 Min. de lectura
Ana ha formado parte de Muévete desde el primer día que el programa abrió sus puertas a la comunidad. Ocho años después, sigue aquí, llegando puntual, lista para moverse, reír y apoyar a quienes bailan a su lado. Su dedicación es un ejemplo de lo que sucede cuando los programas comunitarios crean vínculos que perduran toda la vida.
Para Ana, Muévete ha sido mucho más que una clase de ejercicio. Ha sido un camino hacia una mejor salud, un apoyo social y un espacio donde la disciplina, el respeto y la dedicación generan un cambio duradero.
"Este programa ha tenido un gran impacto en mi vida. Primero, es gratuito, y segundo, me permite conocer a más mujeres con los mismos objetivos que yo: mejorar mi salud".
Esa combinación - programación accesible y propósito compartido - sienta las bases para la transformación. Cuando el costo no es un obstáculo y las personas trabajan por los mismos objetivos, es más fácil participar. Es posible permanecer en el programa. El cambio se vuelve real.
Y para Ana, el cambio ha sido profundo y tangible.
"Este programa me ayudó a mejorar mi salud. Reduje mi riesgo de padecer diabetes y mejoré enormemente mi vida social solo con participar en él".
La prevención de la diabetes es fundamental. En comunidades como Ashland y Cherryland, donde el acceso a la atención médica puede ser limitado y las tasas de enfermedades crónicas son elevadas, los programas de ejercicio gratuitos que realmente reducen el riesgo de enfermedad no son solo recreación, sino medicina preventiva. Es el tipo de intervención temprana que evita que las personas acudan a urgencias y les ayuda a vivir vidas más largas y saludables.
Ana llegó a Muévete hace ocho años enfrentando un desafío que comparten muchos participantes: aprender a mover su cuerpo de nuevas maneras, coordinar el movimiento con la música, mantener el ritmo mientras desarrollaba músculo y resistencia. No fue fácil.
"Lo más difícil fue aprender los pasos, tener más movilidad, coordinar mi cuerpo con el ritmo de la música, pero ahora, después de tantos años, bailo mucho mejor."
Esa progresión - desde tener dificultades con los pasos básicos hasta bailar con confianza- requiere miles de horas de práctica. Se necesita paciencia para ser principiante, humildad para seguir intentándolo cuando las cosas se ponen difíciles y compromiso para perseverar incluso cuando el progreso parece lento.
La instructora Angie ha sido testigo de ese proceso.
Ana es de esas estudiantes que siempre llegan puntuales, listas para empezar y disfrutar de la clase. Es una persona muy amable y de gran corazón, ya que siempre está dispuesta a ayudar a los demás. Es un buen ejemplo de lo que significa ser parte de esta comunidad. Me alegra mucho haberla acompañado en su camino durante todos estos años.
Ocho años de constancia crean algo poderoso: no solo una transformación física, sino también lazos comunitarios que funcionan como una familia. En Muévete, la gente se apoya mutuamente, se ayuda en los momentos difíciles y celebra los logros de los demás. Para Ana, esas relaciones se han vuelto esenciales.
"¡Tenemos buena música, amigos que se convierten en familia y la mejor profesora de baile!"
Las amistades que se forman a través del ejercicio regular y los objetivos compartidos brindan algo que muchos adultos tienen dificultades para encontrar: una conexión social genuina. Ana comenta que ha hecho nuevos amigos gracias al programa y que su vida social ha mejorado muchísimo, resultados que son fundamentales para la salud mental y el bienestar general, especialmente para los adultos que atraviesan situaciones de aislamiento o transiciones vitales.
Los beneficios van más allá de la salud física y la amistad. Ana describe sentirse menos estresada, con más energía, mayor confianza y más feliz. Cuando se le pregunta qué es lo que más le gusta del programa, su respuesta es sencilla y concisa:
"Lo que más me gusta de este programa es todo. El programa completo, de principio a fin. Y dura solo una hora, lo cual disfruto mucho".
Esa entrega total - no solo tolerar el ejercicio, sino disfrutarlo plenamente - refleja la esencia de Muévete. No es una obligación. No es algo que haya que soportar. Es uno de los mejores momentos del día, un espacio de alegría, conexión y movimiento con propósito.
Ana también percibe un impacto más amplio en la comunidad.
"Este tipo de programa ayuda a la comunidad a estar en mejor forma y a comprender cómo socializar entre sí. La clase es una manera de estar sanos y nos brinda más recursos."
Programas como Muévete no solo benefician a los participantes individualmente, sino que fortalecen la infraestructura de salud comunitaria, crean redes sociales que apoyan a los residentes ante los desafíos y proporcionan recursos de bienestar accesibles para todos, independientemente de sus ingresos.
"Este programa nos ayuda a mantenernos enfocados con disciplina, respeto y dedicación a nuestras metas."
Esos valores - disciplina, respeto y dedicación - se reflejan en la forma en que Ana afronta la vida. La estructura y la comunidad del programa brindan responsabilidad y aliento, lo que permite mantenerse enfocado incluso cuando la vida se complica.
Ana cree tanto en Muévete que anima a todos a probarlo.
"Todos los que asisten y comienzan esta clase cambian su vida porque es un programa increíble para cualquier persona."
Esa es la voz de alguien que sabe que la constancia - día tras día, año tras año - crea una transformación duradera.
Así es como puede ser la prevención. Ocho años. Miles de horas de actividad física. Una comunidad de apoyo mutuo. Mejoras notables en la salud. Menor riesgo de enfermedades. Nuevas amistades. Menos estrés.
Y más alegría.



Comentarios