Cambiadores de Juego - La Campeona de Fútbol, Mia Arenas
- 30 abr
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Mia, de cinco años, creció viendo a su hermano jugar al fútbol. Quería unirse a él - jugar con él - pero no sabía cómo hacerlo. Ahora, once meses después de unirse a DSAL Soccer, es una de las defensas más intrépidas de la cancha, y el deporte que la cautivó se ha convertido en un vínculo que comparte con su hermano y su papá.
"Mi hermano mayor me animó a unirme al equipo de fútbol para poder jugar con él. Me gustaba verlo jugar, pero como no sabía cómo hacerlo, no podía. Gracias a la clase aprendí, y ahora puedo jugar con él."
Al principio se mostró tímida al verse ante un entorno nuevo, repleto de rostros desconocidos; sin embargo, la actitud acogedora del grupo hizo que, muy pronto, se sintiera como en casa.
"Al principio me daba un poco de vergüenza conocer a todos los demás niños nuevos, pero más tarde logré hacerme amiga de ellos, y eso me hace muy feliz".
Sus entrenadores notaron algo extraordinario casi de inmediato. A pesar de su edad y su estatura, Mia juega con una valentía asombrosa. No titubea. Va decididamente a por el balón. Defiende ante jugadoras que duplican su tamaño sin inmutarse. El coraje que aporta a la cancha de futsal es una cualidad fundamental en los jóvenes deportistas, y una habilidad que, a menudo, requiere tiempo para desarrollarse. Con tan solo cinco años, Mia ya la posee.
Para Mia, sin embargo, lo que más importa no es la competencia ni ser la mejor, sino la gente.
"Me gusta poder jugar al fútbol, que los entrenadores sean amables con todos y que haya muchos otros niños con quienes jugar".
Una parte fundamental del éxito de DSAL es la cultura de amabilidad que los entrenadores promueven y que los participantes transmiten. Se refleja en cómo se tratan los jugadores en la cancha, y Mia ha notado la diferencia con otros entornos en su corta vida.
"Todos se tratan bien, y no hay niños malos como en la escuela".
Esa sensación de seguridad en la cultura de DSAL es increíblemente importante para el desarrollo de los niños. Los pequeños necesitan espacios donde se sientan realmente seguros, bienvenidos y libres de la ansiedad social que puede dificultar la transición a la primera infancia.
"Me hace feliz porque hago nuevos amigos y me gusta jugar al fútbol con todos. Ahora me siento más segura".
Confianza, amistad, seguridad, sentido de pertenencia: estos aspectos son importantes a cualquier edad, pero son especialmente cruciales en la primera infancia, cuando se sientan las bases del desarrollo social y emocional.
Lo que Mia experimenta en DSAL no es solo jugar con amigos, sino una infraestructura fundamental para su desarrollo.
"También tengo la oportunidad de jugar al fútbol con mi hermano mayor y, a veces, con mi papá. Eso me hace feliz".
Mientras que antes Mia observaba desde la banda, ahora - gracias a sus nuevas habilidades y a su renovada confianza - puede jugar al fútbol con su hermano y con su papá. Es precisamente este tipo de experiencias compartidas lo que fortalece los lazos familiares de una manera que puede perdurar toda la vida.


