Con tan solo seis años, Eric está descubriendo algo poderoso: la confianza que desarrolla en la cancha de fútbol no se queda ahí. Lo acompaña al aula, donde ahora se siente lo suficientemente valiente como para levantar la mano. Se manifiesta en casa, donde mantenerse alejado de los problemas significa más tiempo para hacer lo que le apasiona. Y lo conecta con sus compañeros de equipo, quienes se están convirtiendo en verdaderos amigos.