En tan solo cinco meses en la Academia de Boxeo DSAL, Erwin Olmeda, de trece años, encontró algo que no sabía que buscaba: un lugar al que pertenecer.
Lo que comenzó como un regreso al boxeo se convirtió en algo mucho más significativo: un camino hacia una mejor salud mental, relaciones más sólidas y un cambio radical en la forma en que canaliza su energía.